El asunto es el siguiente, ella era así, y poco le importaba
lo que los demás le dijeran, porque simplemente era así.
Le decían "la loca" a la pobre tipa,
"la loca", que sobrenombre menos apropiado,
porque ella era cuerda,
era poco convencional,
pero cuerda.
Sí, le gustaba hacer cosas que no todos disfrutaban,
pero no era razón para condenarla,
porque ella era feliz,
aunque poco le importaba que la llamaran "la loca".
"La loca" era amiga mía, éramos como uña y mugre,
poto y calzón decía mi mamá,
pero juntas al fin y al cabo.
Yo la conocía como nadie, como ni ella se conocía,
le tenía mucho cariño a la loca, quizá ella me ayudó a no ser tan cuerda,
pero un día entre tanto sobrenombre se perdió,
se creyó el cuento,
ña convencieron,
y la internaron,
ahí está ahora la loca,
en un manicomio, rodeada de locos,
aunque ahora que lo miro bien ella es la más loca de todas,
nunca más la volví a ver,
la única vez que fui a visitarla me dijo que me estaba volviendo loca,
yo no quise que me convencieran como a ella,
salí corriendo, nunca más la vi.
No sé qué será de la loca, pero ella a lo mejor tenía razón,
quizás me estoy volviendo un poco loca,
o quizá ella sólo quería mi compañía
y trató de convencerme.
No hay tanto de malo en ser loca,
después de todo a pesar de su locura,
nunca volví a tener una amiga como la loca.
La echo de menos, nunca la voy a olvidar,
por eso cuando me dicen loca,
me hago la tonta y como que no escuché
no quiero terminar como ella,
no quiero terminar loca,
aunque fuera de ese manicomio
no existe otra amiga
como la loca
lunes, 24 de septiembre de 2007
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